Montreal, Otoño de 2024


“Los Mares de Solaris” comenzó a gestarse aquí, en Montreal, en el invierno de 2019, hace casi cinco años. El álbum se inspiró no solo en la película Solaris del director ruso Tarkovsky, sino también en el libro del escritor polaco Stanisław Lem. Me fascinó la gravedad poética de las imágenes del Océano Solaris y me impactó profundamente la idea de las apariciones de los muertos orbitando a los vivos. Volví a ver la película varias veces, intentando encontrar formas de traducir esos dos sentimientos en una o dos composiciones sonoras.
Como sudamericano enfrentando el invierno canadiense, dediqué muchas noches de viernes y sábado a componer “Los Mares de Solaris”, “Harey” y “Kelvin”. En ese invierno, completé las primeras mezclas de estas piezas, pero no fue hasta 2023 que adquirí un conocimiento más profundo sobre procesos compositivos en Ableton y otros programas de edición musical, lo que me permitió acercarme al resultado que tanto buscaba.
((Podría decir que este proyecto responde a la necesidad de crear un ambiente clausurado, similar al que evoca Tarkovsky en su película. Las luces, los sonidos y las imágenes del océano de Solaris, junto con los inútiles intentos de Kelvin por dar un final a la (imagen de) Harey, contribuyen a la construcción de una atmósfera claustrofóbica. Esa sensación nos paraliza, nos obliga a ser meros testigos.))
Fueron necesarios cinco años y mucha paciencia para, finalmente, presentar un álbum con diez composiciones.
A principios de 2024, hablé con Pablo Bas y Franco Falistoco (Calathea) sobre mi intención de lanzar el álbum. Pablo, con su experiencia y atención al detalle, sugirió dividir el álbum en dos partes, reorganizar el orden de las piezas y realizar una masterización que respetara la poética del proyecto.
Desde que Franco aprobó el lanzamiento, he reflexionado sobre cómo las personas escucharán el álbum: en un viaje en auto, durante una caminata por un parque lleno de árboles, en un día otoñal o incluso en una tarde lluviosa de verano. Aunque es imposible prever la recepción, me gusta imaginar que estas composiciones serán disfrutadas bajo un único ritual: escúchenlas donde deseen, pero sin interrumpir el flujo. En otras palabras, cada disco se aprecia mejor sin pausas, en un entorno tranquilo y con plena atención. Reserven los intervalos para el cambio de disco, no entre las pistas. Y si eso no es posible, creen ustedes mismos las condiciones para la escucha. Lo esencial es escuchar.
Un abrazo,
Anésio Neto, a.k.a. stellatum_





